Nueva cornada del ABC

Relación simpatía-precio

Relación simpatía-precio

LAS guías turísticas y las recomendaciones de crítica gastronómica suelen utilizar un concepto que es un tópico: la relación calidad-precio. Aunque no sé por qué se circunscribe a los bares y restaurantes, a los hoteles y a las casas rurales con encanto. También podríamos aplicarlo a la vida cotidiana. Y a la política. Con el dineral que nos han costado, que nadie sabe cuánto, imaginen por un momento cuál es la relación calidad-precio de las obras del tranvía, si miran en el Arquillo ese cruce de vías que es el Monumento a la Chapuza, con las uniones chungas que están como pidiendo dedos de nazarenos descalzos para que los metan allí y vayan directamente a cocheras. Imaginen cuál es la relación calidad-precio de los separadores de circulación para el carril-bici y el carril-bus, que si los rozas nada más con tu coche, la dos vueltas de campana en plena Ronda no hay quien te las quite.
-¿Y la relación calidad-precio del alcalde, dónde me la deja usted? ¿Cuál es su relación calidad-precio, con lo que nos cuesta y con lo rana que nos está saliendo, que quiere imponer su santa voluntad por co...jinetes del tranvía y hacer todo el centro peatonal? Mire usted cómo no hace peatonal la calle San Jacinto. Claro, como él vive allí...
-Pues eso es nada si lo comparamos con la relación calidad-precio del Tío de la Cachimba. ¿A cuánto nos está saliendo cada uno de los 30.000 votos mal contados que tuvo, con todo el presupuesto que está administrando? Bueno, si le llamamos administrar a tirar el dinero por la ventana y a querer convertir a Sevilla en una dictadura comunista, en Sevillagrado...
-Tenga usted en cuenta que Carmen Calvo, la de Pixie y Dixie, ya dijo que el dinero público no es de nadie.
-Claro, dinero del aleluya: aleluya, aleluya, el que coja la partida presupuestaria es suya...
Llevándola fuera de sus ámbitos habituales de la hostelería, con los ejemplos que he puesto comprobamos que la relación calidad-precio es harto engañosa. ¿Yo qué sé lo que cuestan estas gambas blancas que me ha puesto este tío por un ojo de la cara, yo qué sé si son de verdad de Isla Cristina o de Pescanova total, y si la relación con su precio es adecuada? Por eso yo inventaría un nuevo concepto para valorar establecimientos públicos. No sólo de hostelería, sino de todos los servicios y comercios: la relación simpatía-precio. ¿A mí que me importa que la mentada gamba blanca sea magnifica y me la ponga baratísima el tío, si me la sirve con esa cara de asco que parece que me está haciendo un favor y me las regala? De verdad, prefiero que por ese mismo precio me ponga el tío un platito de camarones la mar de simpático, pero que no me trate con la puntalpie, como si me estuviera convidando, encima de la estocá que me va a pegar después de juntarme las manos al presentarme la factura.
La relación simpatía-precio debería ser fijada por unos baremos oficiales de las asociaciones de consumidores, para que dejáramos de hacer ricos a esos tíos estirados y a esas tías vinagre que en el comercio y en la hostelería, en los servicios y en los grandes almacenes nos hacen creer que tenemos nosotros la culpa de su mal humor, como si les hubiéramos hecho algo. Que más que dependientas, o camareros, o recepcionistas, o taxistas, o cajeras, parecen el Cobrador del Frac o el fiscal de «Morena Clara», con esa cara estirada como de dolor de estómago.
En el proceso de destrucción de Sevilla hay que censar también, junto a los cielos, las plazoletas de albero y las conchas de ensaladilla, las sonrisas que perdimos. ¿Se acuerdan cuando al camarero, al taxista, al pescadero, al de la ventanilla del banco, a la estanquera, al carnicero no se les caía la sonrisa de la boca, en sesiones de sesión continua de simpatía? ¿Se han fijado que la gente en Sevilla cada vez está más malhumorada y es más antipática, y te da peores contestaciones? Se impone el criterio de la relación simpatía-precio. Ojalá todos los establecimientos tuvieran en su muestra un rótulo como ese bar que pone: «Especialidad en simpatía». ¡Qué pocos especialistas en simpatía van quedando en esta Sevilla cada vez más antipática! (Claro, con tanta bicicletita, nos estamos volviendo tan antipáticos como en Amsterdam.)

ABC


¡¡Qué lástima!!
Este hombre ya ha perdido el norte si es que alguna vez lo tuvo.
Se le ocurre pagarlo todo con la bicicleta y los malos humos de los comerciantes es debido a la bicicleta.
¿No será, como bien dice Guille de Ciclofilia, debido a los coches, humos, atascos...etc por lo que los comerciantes están de malos humos?
¿Por qué tiene que atacar siempre a la bicicleta y la culpa como los males de esta ciudad?
¿Y este Sr será el pregonero de la Semana Santa de 2008?
¡¡Vaya la que nos ha caido!!
Lamantable Sr Burgos, usted ya está cocheando demasiado...

Seguiremos informando

6 comentario/s. Deja el tuyo:

Anónimo dijo...

Gran verdad.
A este hombre se le fue la cabeza cuando la democracia entró en este país y desde entonces lo paga con todo lo que puede.

Fidel Portillo dijo...

Es que alucino con este tipejo (me niego a llamar señor a alguien que dice estas burradas). Y encima se tiene como "la voz del sevillano".

Que verguenza y que falta de respeto hacia los sevillanos en general.

Viejo mucho y os aseguro que los camareros de Sevilla, por regla general, son de lo mejorcito a pesar de la falta de profesionales que hay y comentarios como los de este tipo solo hacen dejarnos A TODOS a la altura del estiercol.

Me parece bien que viva en su burbuja espacio/temporal, pero no parece nada bien que se le escuche tanto.

Anónimo dijo...

A este tipo habría que darle un babuchazo cada vez que abra el pico. Este representante de la derechona más recalcitrante no es más que un lastre para la otra Sevilla, que existe, y que escapa de los tópicos que tanto daño hacen a la imagen de la ciudad. Antonio Burgos, no te queremos en Sevilla porque tu tiempo ya pasó.

bicivismo dijo...

Puede llevar razón en lo del asunto del tranvía, por cuanto que hoy día ya existen autobuses ecológicos más baratos y menos antiestéticos que ese amasigo de catenarias, vías y vagones de un diseño futurista trasnochado, impropio del enclave histórico que recorre. Ahora bien, el artículo muestra una vez más el redundante humor rancio de los tópicos (Los de Amsterdam son antipáticos, ¿por que no son de la Sevilla de la gracia?), con que A. Burgos descalifica sistemáticamente a los grupo politico (ergo empresarial) contrario al ABC. El periodista, como siempre, tan sólo es la voz de su amo, y si no quiere, lo dejan afónico.

Respecto a la pérdida del carácter extrovertido y alegre del sevillano de ayer, puede ser cierto, pero no es más que la consecuencia de la conversión de Sevilla en una macrourbe superpoblada, que como tal, genera estrés, prisas, aglomeraciones, esperas, contaminación y un sinfín de pérdidas en la calidad de vida. La superpoblación es el problema, no los servicios, prueba de ello es que cuanta más población tenga una urbe más intensas son aquellas pérdidas. Los constructores, banqueros y demás gente de dinero, junto con sus voceros los políticos (aquí coinciden todos) nos convencen de que crecer en población es crecer en calidad de vida. La "construcción de un sueño" es la justificación de edificar más edificios, más gente, más empresarios, cuando la primera medida sería desincentivar la inversión en las urbes macropobladas para disuadir la inmigración (interna y externa) hacia las zonas saturadas.

Andrés Trevilla dijo...

Que vergüenza

Es lamentable que haya personas que realmente piensen ese tipo de cosas

El dicho del perro del hortelano, que ni come ni deja comer, le viene como anillo al dedo. Vale que no le guste montar en bici, pero que monte en cólera porque a los demás sí les parezca un transporte útil que hay que potenciar... dice poco a su favor.

sevillano extranjero dijo...

este tipo antonio burgos se cree el dueño de la verdad y la reencarnacion de la sagrada familia,un hipocrita y fanfarron,ademas de facha.
ahora puedo concordar en algo sobre los camareros trabajo en un bar,y es verdad veo mucho la desatencion de varios camareros sevilanos despotas,puteados,quemados,aburridos,desatentos
en lugar de tomarlo como critica se deberia tomar,como algo para tomar en consideracion,no se debe tomar a lo personal es un realidad y el tuteo desmedido del camarero sevillano debe desaparecer,no es lo correcto, ni lo normal, por muchos que crean que eso es tener "sangre".
por lo demas y retomando al tipo de antonio burgos,espero que se encuentren persoans asi ya en extincion.